Cada vez que siento que consumo un lugar, hago de la palabra "marcharse", mi propio término, y del nomadismo una forma de vida.
Se que para que nada nos ate no debe unirnos nada, y sólo pensar que tal vez cada sitio y cada persona son sólo lugares de paso que hemos de transitar en nuestro camino hacia ninguna parte.
Hemos de aprender de memoria las lecciones que nos da la vida para luego aplicarlas en una situación futura posiblemente inexistente
miércoles, 10 de diciembre de 2008
lunes, 17 de noviembre de 2008
Vida Normal
Paul Roth
Esta noche tu casa es la más oscura y estás solo con aquellos que desconoces. Piensas que oyes a los pájaros plañideros, amarillo-gris, construyendo nidos debajo de la duela con su silencio. Jamás habías pensando que viajar podía crear menos espacio entre tú y tú mismo. Pues tu mapa esta despedazado y es mejor confiar en que el fin de esta vida se parece más y más a un comienzo. ¿Aunque todos los lugares donde has estado parecían como ningún lugar, a dónde mas pudiste ir? No hay muchas historias que puedes contar para impresionar o repugnar, no hay platos con orillas de rubí llenos de dátiles frescos y esas semillas resbalosas que escupes en tu mano después de saludar a otro. Más probable, lo que oyes es la lluvia chorreando dentro de las paredes de piedra hasta hacer un remanso lo suficientemente grande para que un ratón pueda beber. Lo que escuchas es el viento y tu soledad silbando a través de esa mirada fija mientras una línea de vagones se encarrila en los niveles y avanza a tiempo en su horario de salida.
El viento
Dejas entrar al viento y él no es educado. Mismo, en tu insistencia por sentarlo, él deja caer macetas de las repisas llenas y tiene a los libros a la orilla del desastre, pelea su camino alrededor de una porcelana de Herend con diseño de mariposas, olfatea las conchas recogidas en vacaciones olvidadas, apaga las velas y en el humo se suspende disfrazado. Para conservar su fuerza lo ves adquiriendo forma humana, cuya hambre para el amor, desafortunadamente, lo hace sentirse aún peor. Además, ya no hay manera de volver a ser viento. Poco a poco se vuelve más y más manso y se caldea con el calor del horno, se asoma por las ventanas y se planta al fin a tus pies tal como el perro extraviado que hubiera sido mejor desde el principio. Hay muchos huérfanos así en el universo pero no todos se convierten en campeones. La mayoría de los vientos se agachan en los pasillos rellenos de muebles para oficina que han sido reducidos de tamaño como el arete de una adolescente o más, otros nunca salen, nunca envejecen y si lo hacen se ponen muy ancianos y quedan encadenados a sus propias camas llenas de sus propias heces o a sus televisiones para que las estadísticas no demuestren que sus suicidios podrían incrementarse mil veces. Sentados en una silla, sin un lugar a dónde ir, es precisamente el viento que se crispa en sus manos tratando de escapar de la piel arrugada a la que en algún tiempo él rogó arrodillado por permitirle entrar sólo una vez.
martes, 16 de septiembre de 2008
Living on a prayer
Lo siento, está cortado de repente al final, pero esas son las limitaciones del Movie Maker ;)
lunes, 15 de septiembre de 2008
Hmm
Cuando la falta de orgullo y el miedo a perder se juntan, surge un abismo en espiral que trata de absorver todo tu ser. Muchos son los que caen y pocos los que logran salir.
La única manera de hacerle frente es darse cuenta de que prácticamente no hay mayor satisfacción que la de la autorrealización. Hay dos puntos de vista sobre esta teoria:
- Puedes hacer lo que te haga sentir mejor en cada momento, siguiendo la regla del “Carpe Diem”, sucumbir a las tentaciones terrenales, abandonarte a la suerte y olvidar tus principios. Dejarte envolver, apartando la conciencia de las consecuencias que llegarán al dia siguiente. Sin orgullo. Sin prejuicios.
- Puedes darte cuenta de que ese minuto de placer que obtienes exprimiendo cada segundo de la vida, te llevará a veces a ese abismo. Este es el momento en el que has aprendido algo. La experiencia y la desconfianza se unen para dar lugar al orgullo y comienzas a autoelaborarte.
La vida no es mas que una sucesión de experiencias, y la felicidad no es una meta sino el camino. Lo que hay que hacer es intentar conseguir llegar a la más grande, alcanzable mediante la autosatisfacción. A veces la privación de algún pequeño placer puede encaminarte hacia otro más grande.
Aunque no tengas el control ni lleves el mando, lo mejor es seguir caminando.
La única manera de hacerle frente es darse cuenta de que prácticamente no hay mayor satisfacción que la de la autorrealización. Hay dos puntos de vista sobre esta teoria:
- Puedes hacer lo que te haga sentir mejor en cada momento, siguiendo la regla del “Carpe Diem”, sucumbir a las tentaciones terrenales, abandonarte a la suerte y olvidar tus principios. Dejarte envolver, apartando la conciencia de las consecuencias que llegarán al dia siguiente. Sin orgullo. Sin prejuicios.
- Puedes darte cuenta de que ese minuto de placer que obtienes exprimiendo cada segundo de la vida, te llevará a veces a ese abismo. Este es el momento en el que has aprendido algo. La experiencia y la desconfianza se unen para dar lugar al orgullo y comienzas a autoelaborarte.
La vida no es mas que una sucesión de experiencias, y la felicidad no es una meta sino el camino. Lo que hay que hacer es intentar conseguir llegar a la más grande, alcanzable mediante la autosatisfacción. A veces la privación de algún pequeño placer puede encaminarte hacia otro más grande.
Aunque no tengas el control ni lleves el mando, lo mejor es seguir caminando.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Yo...
Me siento mal si no escribo y escribo cuando me siento mal.
Amo incondicionalmente con la condición de que no me dañen.
Si me aburro es porque me he divertido demasiado.
Me quiero ir porque querría quedarme (pero no puedo).
Sueño despierta, pero me duermo pensando en la realidad.
Me da miedo querer porque temo no poder hacerlo.
Temo hacerlo y no poder decirlo.
Tengo miedo a atarme por si me desatan.
Temo que me desaten y que me queden las heridas.
No quiero ser un ángel por si me cortan las alas.
Pero quiero tener alas para poder volar.
Y quiero poder volar para poder escribir a gusto, amar a gusto, soñar a gusto, querer a gusto, atarme, que me desaten y hacerlo todo sin reloj ni largas esperas.
Amo incondicionalmente con la condición de que no me dañen.
Si me aburro es porque me he divertido demasiado.
Me quiero ir porque querría quedarme (pero no puedo).
Sueño despierta, pero me duermo pensando en la realidad.
Me da miedo querer porque temo no poder hacerlo.
Temo hacerlo y no poder decirlo.
Tengo miedo a atarme por si me desatan.
Temo que me desaten y que me queden las heridas.
No quiero ser un ángel por si me cortan las alas.
Pero quiero tener alas para poder volar.
Y quiero poder volar para poder escribir a gusto, amar a gusto, soñar a gusto, querer a gusto, atarme, que me desaten y hacerlo todo sin reloj ni largas esperas.
Lo que el viento se llevará
Pensando en la paradoja de que la propia existencia de la memoria ocasione el miedo a su pérdida, descubrí que cuando la distancia arrastre consigo las huellas que el vacío haya dejado, tan sólo quedarán las cicatrices que, una vez cerradas, serán dejadas al olvido.
O eso esperamos.
O eso esperamos.
domingo, 15 de junio de 2008
Me gustaría escribir un texto que, al leerlo, la gente se emocionara, como si estuviera leyendo a Goethe.
Me gustaría practicar la escritura automática, casi sin pensarlo. Que las palabras fluyeran sobre mi sin el mínimo esfuerzo.
Es contradictorio que tenga que pensar en cómo hago una de las cosas que más me gusta, y sin embargo lo demás lo realizo por impulso.
Medito cada palabra. Miles de ideas se juntan en mi cabeza y planeo la manera de ordenarlas, con una finalidad más estética que funcional. Porque quiero que algún día un texto mío provoque la misma sensación que me causa a mi la buena literatura.
Me gustaría practicar la escritura automática, casi sin pensarlo. Que las palabras fluyeran sobre mi sin el mínimo esfuerzo.
Es contradictorio que tenga que pensar en cómo hago una de las cosas que más me gusta, y sin embargo lo demás lo realizo por impulso.
Medito cada palabra. Miles de ideas se juntan en mi cabeza y planeo la manera de ordenarlas, con una finalidad más estética que funcional. Porque quiero que algún día un texto mío provoque la misma sensación que me causa a mi la buena literatura.
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