jueves, 30 de junio de 2011
Bittersweet
Sobre las cuatro de la mañana. A esa hora llegué. Y olía a derrota más que a fracaso. Pero qué bien sabía.
miércoles, 29 de junio de 2011
Resaca de lunes.
Hacía mucho que no escribía. Y hoy no estoy demasiado inspirada así que supongo que este texto no está precisamente destinado a ser ninguna maravilla. Pero tengo que intentarlo, porque es la única manera de que el monstruo que tengo dentro no acabe conmigo cuando lucha por abrirse camino entre mis entrañas y sale a golpes de furia y descontrol. El monstruo, a pesar de todo, es un artista. Y como tal está loco. Solo piensa en luchar contra todo lo que simbolice represión. Como artista es también egoísta y un poco egocéntrico. Quiere salir y tira de mi hacia abajo. De hecho, hace tiempo que he desaparecido.
Normalmente a el le encantan los hombres. Pero no es gay, es que no tiene sexo. Odia a las mujeres por sus tendencias victimistas y suicidas. “Que pobre soy, mira lo cabrón que ha sido X conmigo, voy a encerrame en mi habitación y a pensar que el mundo no vale la pena”.
Pero cuando ve a un hombre, ve muchas cosas. Ve algo sencillo, transparente y simple. Un placer para los oídos cuando te dice lo que deseas, para los ojos cuando tienen la espalda ancha, y en otras ocasiones, para el resto del cuerpo.
Pero los odia también. Odia cuando me hacen dudar de si soy yo quien lleva el control o soy el comodín. Cuando me hace quedar con una veintena y no respondo. No le hago sentir ni un ápice de emoción. Cuando me prueba, me prueba y no reacciono. Odia cuando no me ha dado la orden, tomo las riendas sin avisar y elijo yo. Entonces siento algo, y es en estos casos en los que siempre, siempre, tiene que salir en mi defensa.
Y sigue haciendo que salga a los bares y busque todos los fines de semana en el fondo de los vasos. Pero no queda nada después de haberse derretido el hielo. A veces un consuelo en la euforia del momento. Pero vuelve el dolor de cabeza al día siguiente. Los pensamientos sobre la cama. El vacío.
Y suenan casi siempre canciones de Springsteen, porque sus letras rellenan el vaso incluso cuando el grifo apenas contiene algo potable.
Entonces me siento mejor.
jueves, 2 de junio de 2011
Me cuestiono la precisión del lenguaje cuando se pone a disposición de los hábitos sociales. Un instrumento tan puro, el gran bastón de apoyo en la compleja red de entramados sociales. El arma con la que luchan los escritores contra sus demonios internos. El alivio que traen unas palabras de consuelo a los oidos del herido.
Pero lo convertimos en mentiras. Traicionamos a nuestra boca nada más mover la lengua.
- Me encanta - dice el cínico.
- Te lo juro por Dios- dice el ateo.
Pero lo convertimos en mentiras. Traicionamos a nuestra boca nada más mover la lengua.
- Me encanta - dice el cínico.
- Te lo juro por Dios- dice el ateo.
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