miércoles, 4 de agosto de 2010
Grandes
Leo a Kapuscinski, leo sus "Viajes con Herodoto" y me cuenta sus principios como reportero, me transmite su miedo en cada una de sus palabras, y puedo saber exactamente cómo se sentía, porque es lo mismo que siento yo cuando miro hacia delante. Pero a la vez me da seguridad, porque sé cómo acaba el libro, y sé cómo se desarrolla, al menos en lo que a la parte profesional se refiere, la vida de uno de los más grandes reporteros de la historia, a quien el miedo también invadía en sus comienzos.
jueves, 15 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
De la palabra celosía
domingo, 4 de julio de 2010
Ya eyaculé, Sabina
son menos duelos con risas
y los ardores con visa
y los licores con hielo
y el corazón a deshora
y las uñas en la cara,
me lo dijo una señora,
disfrazada de cualquiera,
que quiso que la besara
como si no la quisiera.
sábado, 12 de junio de 2010
Otro principio sigue siempre a un final

No sé bien describir cómo me siento, pero es parecido a la sensación que te deja la última página de un libro.
Sólo puedo decir que ahora sí soy libre, que he conseguido lo que quería, y que me prometo a mí misma serme fiel. Me prometo viajar hasta saciarme y no amarrarme a nada que no sea mi trabajo hasta que llegue quien valore más que a él.
Me prometo no doblegarme ante nada ni nadie que pretenda hacerme creer que no puedo cumplir mis propósitos o que trate de convencerme de la imposibiblidad de lo que quiero hacer.
Me prometo ser periodista, me prometo ser madre, hija, amiga, mujer, pero ante todo persona.
Y me sigo prometiendo que lo que quiero hacer prime ante lo que debería hacer, para no desperdiciar ni un sólo segundo de mi paso por la vida y porque normalmente procuro tomar decisiones que no afecten a los demás, y eso, al fin y al cabo, es lo que me hace ser humana.
Me prometo no separarme de un bolígrafo para poder seguir escribiendo todo lo que pase por mi mente y ante mis ojos. Que la comunicación es un regalo para el que tiene el don de practicarla, y para los que tienen ojos y oídos para disfrutar de ella.
Y sobretodo me prometo que esté donde esté, mi casa nunca dejará de ser mi castillo, mi refugio, el lugar QUE soy, del que vengo y al que seguiré volviendo. Tanto si es para llorarle las penas como si es para contarle todo lo que he podido absorver de este mundo que a pesar de mis esfuerzos, no creo que llegue a conocer del todo.