Dicen los malditos que el pasado siempre vuelve. Que entra sin llamar y te empuja con fuerza dislocando las historias que llevas a cuestas en las espaldas. Que un día llega y, por la fuerza, te convierte en su títere y te sujeta con cuerdas, bien fuerte. Y no puedes hacer otra cosa que dejarte manejar, admitir que te ha convertido en varias personas: la que has sido, la que eres y la que pretendes ser. Hoy el mal tiempo me ha traído nubes negras. Y he querido ser viento.
Si yo fuera viento, podría colarme en todas las vidas de la gente que no soy. Podría pasar inadvertida, sin pasado ni presente. Ser solo una brisa que acariciase tu pelo y tu cuello y que así me quisieras en tu vida sin recordar que mi presente es sólo una página de una historia a la que, a veces, ataca el pasado. No podrías dar marcha atrás y ver que un día fui alguien que robaba abrazos y regalaba besos escondida en habitaciones ciegas, confiando en que las paredes fueran mudas y sus tabiques sordos.
Me querrías si fuera aire, porque mi transparencia te dejaría ver sólo lo que ahora soy. No llevaría por dentro más que lo que hoy queda de mi y que tanto te gusta. La yo del presente, la que por ti duerme en el suelo y te da una parte de ella, con lo mucho que le cuesta. Sería etérea, y así el pasado no podría empujarme porque la gravedad le haría caer a través de mi.
No tendrías que hacer como si no me vieras a veces atrapada por este maldito inconformismo que a veces me ahoga y otras me da la vida.
Pero yo soy agua y no aire, todo lo que arrastro conmigo se queda en el fondo. Tendré que seguir viendo cómo a veces la yo del pasado a la que nunca querrías sale de la profundidad y te golpea a ti en mi lugar, porque un día entraste tú con la condición de que ella se fuera.
Pero sé que algún día seré aire, porque cuando no lo soportes más, no querrás dejar ni un recuerdo.
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