lunes, 13 de febrero de 2012

Regalo de San Valentin

Tiene el pelo muy negro, corto, y una barba del mismo color, que a veces pincha y otras hace cosquillas. Cuando pasa esto último puede llegar a hacerme reir de la manera en que se ríen todas las personas que aunque tengan momentos tristes, irradian felicidad desde lo más hondo.
Tiene los ojos marrones, o verdes, según esté activo o cansado, pero siempre profundos, disparando ese tipo de miradas que inutilizan la voz.
El rincón que más me gusta de su cuerpo es ese espacio que hay en la esquina entre su boca y su nariz, donde habita un pequeño lunar que me imanta los labios.
Un segundo espacio favorito, entre los muchos que podría enumerar, es el que hay entre su cuello y su oreja. Huele tan bien, que podría vivir solamente respirando ese aire.
Él es el sol del invierno, el que alumbra y da calor en días de frío. 

martes, 8 de noviembre de 2011

El concepto

Estás sola, en un descampado, y llueve.
Desde el cielo, también.
Sabes que mañana amanecerás resfriada, pero simplemente no puedes moverte. Estás ahí, impasible. Ni un árbol al abrigo del que cobijarse.
El olor a césped mojado es ambiguo, te recuerda a todas las batallas libradas en ese campo, sola, y te sientes como el veterano de guerra. Enganchado al morboso poder de las trincheras, pero las heridas abiertas son ya tantas...
Y de repente, justo en medio de la nada, lo ves venir a lo lejos. Aparece en un claro de luz y en su mano derecha sostiene un paraguas. Se acerca hacia tí, no dice nada y te seca la cara. Estás cubierta y la humedad se ha ido. Mañana ya no habrá fiebre. No hay agua por fuera, aunque es invierno y sigue cayendo a mares. Para curar lo que hay dentro, un abrazo. Y la sensación crece, como el amor, crece.
Debe ser eso por lo que la gente si no muere, mata.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Una mujer

En la mano derecha un teléfono y en la izquierda un bolígrafo.
Camina con paso firme y decidido, como reina de los Unos, ella también derriba muros. Atrás, en el pasado, sólo deja cenizas.
La falda muy corta, pasión, y tacones bien altos, a juego con su ego. Salvaje la melena, poderosa, sansonil.
La manera en que viste es también la manera en que expresa su interior. Puede hacer lo que quiera, y lo sabe.
Superficial en su vestidor y profunda descalza, en la playa.
A veces su independencia y egoísmo se fusionan y confunden. No sabe mucho de sentimientos, de esos que explican en los libros y que promocionan en las películas americanas. Esos que dan de comer a las empresas el día de San Valentín. Pero cree haber descubierto ya el amor verdadero: el propio.
Amarrarse, comprometerse... tienen que asegurarle el paraíso entre rejas para meterse en una cárcel por su propio pie. Tiene pareja, o como ellos dicen, son compañeros. Ninguno roza el límite, conscientes de que nunca se llegarán a conocer. Pero están ahí, el uno para el otro. Querer entrar más allá es añadir barrotes. Y ella, sobretodo, tiene claustrofobia. No está sola, pero podría estarlo. Se tiene a sí misma.
Enemiga de Freud, quien asevera que la mujer es un hombre castrado. Cree en la igualdad, pero puestos a elegir, el hombre es una mujer con protuberancias.
Fría y caliente, exagerada y liviana. Egoísta... pero cómo se entrega en el amor y en la guerra.

lunes, 17 de octubre de 2011

Metáfora

Quiero escribir pero a veces creo no recordar cómo hacerlo. Me da la impresión de que las palabras sólo salen cuando llega la tristeza y hace ya un par de meses que no se pasa por aquí. Pero me sigo sintiendo difícil. Intento construir oraciones entre tantas idas y venidas de sentimientos ambiguos, de discusiones sin motivo y marejadas de carácter vacías de sentido. Altibajos que marean, siempre en círculo, vicioso, como viene siendo el aire últimamente. Y siempre girando alrededor del mismo punto. El punto en el que he fijado la mirada y ha cogido forma. O varias formas, porque nunca se define. Impredecible y espontáneo, no se sabe si es final o a parte, pero una cosa tengo clara, incondicional. Y tiene que serlo para estar en mi texto, algo complejo por querer contener las palabras que no se dicen pero que se camuflan entre abrazos. Son tan dulces sus sentencias, que hasta la oración más compleja está deseando terminar.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Felpa, pistacho y cinta de carrocero.

El chico es tan desastre que tenía el espejo retrovisor pegado al coche con cinta de carrocero. En realidad, no le importaba lo que pensara nadie, ni la guardia civil metida en sus trajes de color verde pistacho, que recibía su mirada sonriente mientras apuntaba con el dedo índice la parte superior del cristal delantero.
En los asientos traseros, forrados de felpa, descansaban aparatos tan extraños como secadores de pelo importados de américa y una de las primeras televisiones que vinieron al mundo.
Seguramente, algún día, toda esa maquinaria, incluído el coche, acabará pintado de azul, amarillo y magenta.

sábado, 27 de agosto de 2011

Entre negro y colores.


Es como cuando pronuncias un NO mientras asientes con la cabeza.
Como cuando simplemente no dices nada porque piensas que si no lo pronuncias no se hará realidad.
Es como los mensajes que no mandas, pero que escribes “por si acaso”.
Como un charco en medio del camino. Son sus gotas salpicándote a pesar de haberlo saltado.
Es un casi.
Es lo que aunque quieras, no puedes evitar.

viernes, 12 de agosto de 2011

How can a sunny day be so sad?


Hoy, viendo un video de The Killers, me he acordado de Brighton. Supongo que principalmente por la apariencia de los componentes del grupo, enfundados en pantalones pitillo que desvelan su estilo. O su falta d el, porque cuando un inglés se viste por las mañanas, mete la mano en el armario sin encender antes la luz. Y recorren las calles con tutús color rosa y camisas rojas conjuntadas con zapatos azules.
Pero esta peculiar característica no hace daño a la vista. Al contrario, tiñe de colores el gris de las ciudades de este país al que el sol casi no alcanza.
Brighton es bohemio. A la gente no le importa el dinero, sólo quieren tocar.  Con sus guitarras a cuestas frecuentan los bares pidiendo unos minutos de atención. Y eso les llena.
Hasta los banqueros, con su imagen sobria y fría, miran por detrás de las cabinas suplicando auxilio. Y es que allí no hay cabida para la superficialidad. La gente solo quiere rock. Rock, y un abrigo para el invierno.
Desde luego fueron los meses más fríos de mi vida. Pero la gente seguía emanando rarezas. Chanclas con abrigos de visón y gente hablando sola, pensando en alto por la calle, todo alimentaba mi locura.
Y en medio de todo eso, Yo. Pero no mi Yo que se levanta por las mañanas para ir al gimnasio y trabaja de cosas que no le gustan para sacar dinero.
Mi yo que piensa en cosas que no interesan a nadie. El Yo que me gusta. El Yo que escribe.