viernes, 12 de julio de 2013

Volver


Pero con la frente alta en lugar de marchita. Volver, y encontrarte con que hasta el tiempo se salta su costumbre de malhumorar al norte de un país que el resto del mundo cree siempre soleado.
Vuelvo a reencontrarme con los personajes principales de mi historia, y descubro que no son ellos los que cambian si no yo, y que esa es precisamente la razón de que a veces no los reconozca. Hay días que salgo a la calle y choco al caminar y no sé si es el sol que me ciega o son mis ojos, que han olvidado cómo mirar.
Pero basta con la sonrisa que dibuja un recuerdo conjunto para comprender que, aunque la memoria es caprichosa y nos hace creer a veces que el pasado no vale nada, que nuestro cerebro es materia y la materia se deshace, el corazón almacena. Basta con tres baños en el atlántico y un par de tardes felinas para volver al origen, para tener fe de vez en cuando en que no somos sólo figuras que se desplazan en el espacio y que se deterioran con el tiempo. Que existimos, pero también somos. Y que volver al punto de origen es también un estado mental. Un estado neutro, donde la memoria te da una tregua para recuperar a la persona desde la que forjaste tu yo actual y desde la que te convertirás en tu yo en potencia. El estado utópico. El universo entero dentro de un grano de arena. Casa.

jueves, 16 de mayo de 2013

Big Red Bus.

Desde los asientos de delante del piso de arriba de los buses londinenses, el camino se ve más amplio. Quizá es eso, ahora que pienso, lo que me ha empujado a emborronar de pensamientos algo translúcidos esta hoja en blanco.
Tengo el abrigo empapado porque nunca he sido mucho de prevenir, sino más bien de tener siempre una esperanza intrínseca en que la lluvia siempre acaba amainando.
Me gusta ver el paisaje desde esta ventana porque, a pesar de que el día es hoy gris en Londres -una ciudad que no parece saber de muchos más colores- las líneas de fuga me permiten mirar con perspectiva. Después de meses recogiendo platos sucios de otros, en sentido tanto literal como figurado, al fin mi tenacidad me conduce hacia unas prácticas en mi terreno. No sustituirán mis deberes en la hostelería pero servirán al menos de respuesta temporal a la pregunta ¿qué esperar cuando no sabes lo que te espera?. Y me doy cuenta de que no me espera nada que no vaya persiguiendo. Así que me bajo, me pongo a caminar y recuerdo que, a falta de paraguas, yo siempre llevo capucha.

martes, 5 de febrero de 2013

Al lugar donde has sido feliz...

Hace ya 118 días que te he dejado por otra, que no duermo en tu cama, que me miro en el espejo de un baño diferente al despertar. Ya no estás cuando abro la ventana para airear mi habitación que huele aún a sueños con países lejanos; a imaginar sin miedo, arropada en la almohada familiar.Te he cambiado por una más llena, más grande, con más cultura. Tiene los labios rojos y lleva la falda muy corta. Tú, conservadora y monótona, me seguías asfixiando. Aún después de que el viento tuviera vía libre al haberte derribado la muralla. Seguías siendo cárcel y libertad también. Amor y odio.
Pero al cambiar de cama, sigo soñando contigo. Y te lucho y me odias. Te añoro y te pienso fuerte. Y te imagino con ese aire de indiferencia que llevas, el de aquel por quien no pasa el tiempo.He subido por las faldas cortas y he visto el gris cuando muere el rojo carmín.
Reconcíliame, acércate, abrázame el corazón. Aquí, aún más al norte, hace mucho frío.

domingo, 13 de enero de 2013

Llévame


Llévame.
Contamínate de mi, deja que mi olor se pegue a tu cuello y haz de él tu perfume diario
recuérdame así, fuerte y dulce y haz de él en tu religión, tu escapulario.
...santifícame.

Llévame.
recógeme del suelo cuando mi locura se haya ido
y haya muerto por dentro abandonada en el hastío
...cuando me haya llenado de calma.

Llévame.
cuando veas en mis ojos que me pienso sin delirio, sin sangre, sin prisa
y no reconozcas un atisbo de curiosidad detrás de mi sonrisa
...entiérrame.

Si en lugar de puertas y ventanas abiertas te hablo de murallas
y obstáculos, y barreras infranqueables
si en lugar de viajera me vuelvo turista
y duermo en lugar de soñar
...llévame

Cuando notes que se me han congelado los labios, y mis caricias ya no queman por tu piel al pasar
porque beso con desgana y abrazo con motivo
y en lugar de alma soy cuerpo
...llévame

cuando me sepa, me conozca del todo y ya no huya de mí
cuando haya dejado de buscarme para perderme entre el alud de corazones sin sangre
y vea gris la realidad porque ya no pinto de colores los lugares
y pertenezca a la tierra estable

Apiádate, muerte, llévame.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Las arrugas de Cronos


Paseando por cada poro de mi cuerpo, mis dedos chocaron de repente contra una arruga. Era pequeña, tan insignificante que a pesar de llevar ahí ya una temporada supo esconderse lo bastante bien como para pasar inadvertida. Las arrugas son las marcas de Cronos, enviadas especiales que informan de los años que pasan. Llevan incrustados los días que hemos dejado atrás y nos recuerdan lo efímero del tiempo, siempre cruel, irrecuperable, incurable, perdido. Por eso nos empeñamos en luchar contra las estrías de la piel, los pliegues ya implanchables, los tapamos con planes de futuro, sueños utópicos, fiestas de madrugada y evitamos las noches de sábado en casa. Negamos los horarios fijos, las ciudades-casa definitivas, el saber llegar a fin de mes y las cenas-escenario de conversaciones previsibles con muerte anunciada. Evitamos cambiar el whisky por el vino, los besos calientes con la boca entreabierta por esos cotidianos de labios húmedos y cerrados. Renegamos del terminar el día en la noche y de empezar la vida en el altar. Tapamos las arrugas porque decimos "no" a rechazar a esa pasión que tiñe de rojo el blanco y negro y nos empuja a seguir los días; que nos lanza al vacío sin paracaídas para disfrutar del despliegue de adrenalina que provoca la caída libre; esa que aunque duela al final, aunque nos haga sangrar hasta la última de nuestras venas, nos hace saber que compensa empeñar cien años de letargo por saborear un minuto a la velocidad de una luz que hipnotiza. 


sábado, 1 de septiembre de 2012

Blowing in the wind


Me siento en el muelle y huele a salitre. Mis pies cuelgan sobre el agua y apoyo mientras los brazos en la barandilla para no caer. Está sucia y teñida de verde musgo, apenas se ve la superficie pero, aún así, aclara mis ideas. Hay mucha gente que ha venido a lo mismo que yo. Veo a un chico mirando hacia la nada, pensativo e inmerso en no sé qué pelea interior que parece quitarle el aire. Cierro los ojos y pienso. Las piernas me traen siempre aquí cuando me angustia el paso del tiempo y, a veces, escribir no es suficiente cuando hay tanto de qué liberarse.
Venir aquí me recuerda que el tiempo no es lineal, que a veces puedo volver atrás y adelante sólo activando la memoria. Vuelven los días que pasé caminando de la mano con mis padres, cuando la propia vida no había barrido aún mi inocencia y no sabía que mi misma existencia iba a ser de por sí un conflicto. No conocía aún la dulce tristeza de un recuerdo ya intangible, o la ansiedad del tedio porque los juegos infantiles no bastan ya para llenar velozmente los dias. No sabía que en realidad las historias que nos vendía Disney eran sólo ficción, que ni los besos te devuelven a la vida ni se muere tampoco por amor. 
En mi mp3 canta Bob Dylan, y me dice que la respuesta está flotando en el viento, aunque no sé muy bien qué es lo que me pregunto, ni siquiera recuerdo ya por qué me he sentado aquí. Supongo que la resaca siempre alimenta mi locura y me nubla la vista, aunque siempre deja un poco de mi para que no me pierda. Me gusta, en el fondo, esta especie de letargo en el que me sume el desconcierto, abstraída. Lo que queda de mí es lo que está mirando el muelle, pero hace tiempo que yo ya me he ido. Cuando me evado no soporto lo terrenal y me resulta difícil lidiar con el mundo.

Pero no importa, porque siempre podré volver para dedicar media hora a esa parte de mi que no encaja en la comodidad de lo cotidiano y que me aprieta a veces por dentro para recordarme que no me olvide de que tengo un gran odio, hasta el punto de que me desborda del pecho, a esa puta manía del tiempo de girar en círculos, de primavera a invierno, haciendo que me parezca siempre volver al mismo punto en el que siempre he estado.

Pero como hay cosas contra las que una no puede luchar, me pondré el disfraz de banal, el de vivir con calma, el de nadar a favor de la corriente, y en cinco minutos me levantaré y actuaré como si esta media hora conmigo no hubiera existido.

viernes, 3 de agosto de 2012

Overseas.

Hoy el reloj de mi cocina se ha parado a las dos en punto en señal de solidaridad. Es porque llevo días deambulando por mi casa, pensando en el día en que me marche. Hace tiempo que hice de esta punta del mundo mi Ítaca natal y desde entonces sigo yendo y viniendo, sabiendo que la ciudad del mar me recibe siempre con los brazos abiertos. Quizá esta vez sea diferente. Esta vez hay algo distinto en el ambiente porque la vuelta no está fijada, porque la misión que este año me he impuesto es la de irme, aprender y descubrir qué papel puedo yo interpretar en medio de toda esta comedia que algunos siguen llamando país. No me refiero a salir corriendo y mirar desde fuera, como quien se esconde esperando que las cosas mejoren, si no de crecer por dentro para volver y aportar lo que esta tierra, ya cansada de tanta parodia, necesita para volver a creer en sí misma. Y es que ahora España sí será país para viejos, porque los jóvenes preparados y con ganas de cambiar el mundo queremos y podemos hacer de nuestros pensamientos e inquietudes, obras maestras. Por suerte, el tiempo corre a favor del que se va. Es como irse en mitad de la publicidad de una película que continúa cuando regresas. Por eso hoy mi reloj se ha detenido, diciéndome que sea valiente, que no tenga miedo a ser una de esas lagunas que los olvidados tanto reprochan a la memoria.