Dicen los malditos que el pasado siempre vuelve. Que entra sin llamar y te empuja con fuerza dislocando las historias que llevas a cuestas en las espaldas. Que un día llega y, por la fuerza, te convierte en su títere y te sujeta con cuerdas, bien fuerte. Y no puedes hacer otra cosa que dejarte manejar, admitir que te ha convertido en varias personas: la que has sido, la que eres y la que pretendes ser. Hoy el mal tiempo me ha traído nubes negras. Y he querido ser viento.
Si yo fuera viento, podría colarme en todas las vidas de la gente que no soy. Podría pasar inadvertida, sin pasado ni presente. Ser solo una brisa que acariciase tu pelo y tu cuello y que así me quisieras en tu vida sin recordar que mi presente es sólo una página de una historia a la que, a veces, ataca el pasado. No podrías dar marcha atrás y ver que un día fui alguien que robaba abrazos y regalaba besos escondida en habitaciones ciegas, confiando en que las paredes fueran mudas y sus tabiques sordos.
Me querrías si fuera aire, porque mi transparencia te dejaría ver sólo lo que ahora soy. No llevaría por dentro más que lo que hoy queda de mi y que tanto te gusta. La yo del presente, la que por ti duerme en el suelo y te da una parte de ella, con lo mucho que le cuesta. Sería etérea, y así el pasado no podría empujarme porque la gravedad le haría caer a través de mi.
No tendrías que hacer como si no me vieras a veces atrapada por este maldito inconformismo que a veces me ahoga y otras me da la vida.
Pero yo soy agua y no aire, todo lo que arrastro conmigo se queda en el fondo. Tendré que seguir viendo cómo a veces la yo del pasado a la que nunca querrías sale de la profundidad y te golpea a ti en mi lugar, porque un día entraste tú con la condición de que ella se fuera.
Pero sé que algún día seré aire, porque cuando no lo soportes más, no querrás dejar ni un recuerdo.
sábado, 30 de junio de 2012
miércoles, 6 de junio de 2012
Austeridad. O de cómo tratar de engordar adelgazando.
Seguís recortando y les toca a los libros. No entiendo de
ninguna manera que hagáis tambalear nuestro sistema sanitario, pero sí el
educativo. Sabéis, porque lo habéis visto en tiempos de regímenes totalitarios,
que nuestras posibilidades de estudiar y adquirir cultura deben ser paliados,
si no cedidos a unos pocos que piensen a vuestro favor. Sé que no es bueno que
leamos cómo fracasaron mil y una veces las políticas de austeridad que ahora
estáis aplicando. Que descubramos, como pone en mil y un estudios basados en la
experiencia, que despedirnos del trabajo, privarnos del estudio y sujetarnos
mientras vemos como desmanteláis el Estado de Bienestar, es como darnos las
palas para cavar nuestras propias tumbas.
No sé qué será de las próximas generaciones. Por el momento
a la mía se la da por “perdida”. Nosotros, que empezamos la carrera soñando con
un muy prometedor futuro, en el que nuestros esfuerzos en la universidad se
verían recompensados. Hoy, con los estudios terminados, gracias a vosotros ya
podemos ver claro ese futuro en el que los licenciados con másters y
conocimientos de idiomas vivimos acorde a nuestras expectativas. Eso sí, sólo
los que tenemos imaginación.
jueves, 12 de abril de 2012
El regreso
Quizás estés ahora en tu casa, empaquetando tu cosas para irte a algún lugar lejano. Tal vez entre todos esos trastos que has ido guardando durante los años, para intentar agarrar el tiempo, apareza yo.
¿Te acuerdas de cuando llegabas a casa a las 8 de la mañana, derrotada, oliendo a tabaco y a alcohol y con la boca llena de besos con sabor a fracaso? Lo echabas tanto de menos, que cambiaste el cielo por la resaca que dejaba aquella soledad que un día confundías con independencia. Te quemaste por dentro y ardiste de nuevo en la espiral del vicio y el engaño. Quien iba a decírtelo a ti, que cuando te dieron la opcion de recuperar a la persona que solías ser, elegiste perderla por completo. Con lo que tu eres, que tanto te odias como te quieres. ¿Recuerdas quien soy? Me llevabas a los bailes de máscaras y me hacías callar, fingiendo ser todos y a la vez ninguno. Creiste matarme e intentaste buscarme después. Ahora que ha pasado el tiempo, te das cuenta de que te hago falta, de que has agotado los pecados capitales, y de que ahí, donde terminó tu película, empezó la vida real.
martes, 3 de abril de 2012
Amnistía
He cambiado mi blog con la esperanza de que al tener un formato que me gusta más, me anime a escribir un poco más también, para sacar afuera las alegrías y ahogar las penas estando (todavía) sobria.
Me confunden los días ambiguos, ahora que los refranes han dejado de tener sentido con esto del calentamiento global. En abril, aguas mil, y sin embargo entra el sol por mi ventana. Pero yo ya tengo el sentimiento de lluvia acomodado por dentro, y este sol de primavera hace que me duela la cabeza.
Me acurruco en una manta, aunque ya no sé si tengo frío o calor, y pienso. Me pregunto si he cambiado, igual que el tiempo, si sigo llevando a cuestas el sentimiento de culpa por estar orgullosa de los pecados de los que no me arrepiento, o si me sigo queriendo como a nadie más. Egoísta, me concedo amnistía y libre, o quizá ya no tanto.
Tal vez siga llorando entre abrazos, o quizá el karma me dé una patada un día de estos. Pero hoy me he levantado y me he mirado al espejo. Qué sorpresa, sigo siendo yo.
lunes, 13 de febrero de 2012
Regalo de San Valentin
Tiene el pelo muy negro, corto, y una barba del mismo color, que a veces pincha y otras hace cosquillas. Cuando pasa esto último puede llegar a hacerme reir de la manera en que se ríen todas las personas que aunque tengan momentos tristes, irradian felicidad desde lo más hondo.
Tiene los ojos marrones, o verdes, según esté activo o cansado, pero siempre profundos, disparando ese tipo de miradas que inutilizan la voz.
El rincón que más me gusta de su cuerpo es ese espacio que hay en la esquina entre su boca y su nariz, donde habita un pequeño lunar que me imanta los labios.
Un segundo espacio favorito, entre los muchos que podría enumerar, es el que hay entre su cuello y su oreja. Huele tan bien, que podría vivir solamente respirando ese aire.
Él es el sol del invierno, el que alumbra y da calor en días de frío.
martes, 8 de noviembre de 2011
El concepto
Estás sola, en un descampado, y llueve.
Desde el cielo, también.
Sabes que mañana amanecerás resfriada, pero simplemente no puedes moverte. Estás ahí, impasible. Ni un árbol al abrigo del que cobijarse.
El olor a césped mojado es ambiguo, te recuerda a todas las batallas libradas en ese campo, sola, y te sientes como el veterano de guerra. Enganchado al morboso poder de las trincheras, pero las heridas abiertas son ya tantas...
Y de repente, justo en medio de la nada, lo ves venir a lo lejos. Aparece en un claro de luz y en su mano derecha sostiene un paraguas. Se acerca hacia tí, no dice nada y te seca la cara. Estás cubierta y la humedad se ha ido. Mañana ya no habrá fiebre. No hay agua por fuera, aunque es invierno y sigue cayendo a mares. Para curar lo que hay dentro, un abrazo. Y la sensación crece, como el amor, crece.
Debe ser eso por lo que la gente si no muere, mata.
Desde el cielo, también.
Sabes que mañana amanecerás resfriada, pero simplemente no puedes moverte. Estás ahí, impasible. Ni un árbol al abrigo del que cobijarse.
El olor a césped mojado es ambiguo, te recuerda a todas las batallas libradas en ese campo, sola, y te sientes como el veterano de guerra. Enganchado al morboso poder de las trincheras, pero las heridas abiertas son ya tantas...
Y de repente, justo en medio de la nada, lo ves venir a lo lejos. Aparece en un claro de luz y en su mano derecha sostiene un paraguas. Se acerca hacia tí, no dice nada y te seca la cara. Estás cubierta y la humedad se ha ido. Mañana ya no habrá fiebre. No hay agua por fuera, aunque es invierno y sigue cayendo a mares. Para curar lo que hay dentro, un abrazo. Y la sensación crece, como el amor, crece.
Debe ser eso por lo que la gente si no muere, mata.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Una mujer
En la mano derecha un teléfono y en la izquierda un bolígrafo.
Camina con paso firme y decidido, como reina de los Unos, ella también derriba muros. Atrás, en el pasado, sólo deja cenizas.
La falda muy corta, pasión, y tacones bien altos, a juego con su ego. Salvaje la melena, poderosa, sansonil.
La manera en que viste es también la manera en que expresa su interior. Puede hacer lo que quiera, y lo sabe.
Superficial en su vestidor y profunda descalza, en la playa.
A veces su independencia y egoísmo se fusionan y confunden. No sabe mucho de sentimientos, de esos que explican en los libros y que promocionan en las películas americanas. Esos que dan de comer a las empresas el día de San Valentín. Pero cree haber descubierto ya el amor verdadero: el propio.
Amarrarse, comprometerse... tienen que asegurarle el paraíso entre rejas para meterse en una cárcel por su propio pie. Tiene pareja, o como ellos dicen, son compañeros. Ninguno roza el límite, conscientes de que nunca se llegarán a conocer. Pero están ahí, el uno para el otro. Querer entrar más allá es añadir barrotes. Y ella, sobretodo, tiene claustrofobia. No está sola, pero podría estarlo. Se tiene a sí misma.
Enemiga de Freud, quien asevera que la mujer es un hombre castrado. Cree en la igualdad, pero puestos a elegir, el hombre es una mujer con protuberancias.
Fría y caliente, exagerada y liviana. Egoísta... pero cómo se entrega en el amor y en la guerra.
Camina con paso firme y decidido, como reina de los Unos, ella también derriba muros. Atrás, en el pasado, sólo deja cenizas.
La falda muy corta, pasión, y tacones bien altos, a juego con su ego. Salvaje la melena, poderosa, sansonil.
La manera en que viste es también la manera en que expresa su interior. Puede hacer lo que quiera, y lo sabe.
Superficial en su vestidor y profunda descalza, en la playa.
A veces su independencia y egoísmo se fusionan y confunden. No sabe mucho de sentimientos, de esos que explican en los libros y que promocionan en las películas americanas. Esos que dan de comer a las empresas el día de San Valentín. Pero cree haber descubierto ya el amor verdadero: el propio.
Amarrarse, comprometerse... tienen que asegurarle el paraíso entre rejas para meterse en una cárcel por su propio pie. Tiene pareja, o como ellos dicen, son compañeros. Ninguno roza el límite, conscientes de que nunca se llegarán a conocer. Pero están ahí, el uno para el otro. Querer entrar más allá es añadir barrotes. Y ella, sobretodo, tiene claustrofobia. No está sola, pero podría estarlo. Se tiene a sí misma.
Enemiga de Freud, quien asevera que la mujer es un hombre castrado. Cree en la igualdad, pero puestos a elegir, el hombre es una mujer con protuberancias.
Fría y caliente, exagerada y liviana. Egoísta... pero cómo se entrega en el amor y en la guerra.
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